sábado, 28 de febrero de 2015

LA PIEL -SOPORTE COMUNICADOR Y AGENTE CULTURAL

Para empezar a sumergirnos en el ancestral arte del tatuaje creo pertinente remitirse al soporte de este, que en teoría, es la materia que le da vida y permite la realización del mismo, tanto sustancialmente, como en materia práctica, ya que sin la existencia del cuerpo (de la piel en este caso) y las particularidades del mismo,  solo serían técnicas de pinturas corporales transitorias, de carácter finito, como las que adoptaron muchas tribus de la antigüedad y que en la época actual siguen estando presentes a pesar de su transitoriedad, como lo son las pinturas corporales,  bodypainting y tatuaje de henna. 
El hecho sobresaliente, creo yo, es que el tatuaje a diferencia de estas posee un carácter imborrable e indeleble, (y que más imborrable que nuestra propia piel), que atestigua de manera ilustrativa, el entorno social, contextual, histórico,  así  como también el aspecto más íntimo y filosófico de quien lo porta. Como una cicatriz que trasluce quienes son, hacia dónde van y donde pertenecen. Reafirmando su identidad frente a la sociedad o bien, estableciendo una distancia frente a la misma.
           

El cuerpo como tal es el primer acercamiento que tenemos con la sociedad que nos rodea, ya que establece de manera explícita y metafórica nuestra frontera personal; el delimitante que nos hace entender a “uno” como  individuo del “otro” o “otros” que en este caso sería la sociedad de la cual somos parte como conjunto.  Bajo este condicionamiento social en el cual estamos inmersos es necesario dar cuenta que estamos frente a una interminable sucesión de signos, lenguajes y formas que nos permiten interactuar con la realidad que nos rodea, tanto en materia lingüística, kinésica, como también referente  a las imágenes, siendo esta última la que se encuentra más punzante en nuestro diario vivir, ya que nuestro cuerpo proyecta de manera constante y silentemente un lenguaje casi imperceptible, el de la comunicación visual, puesto que no podemos despojarnos de nosotros mismos, así también  como de lo que proyectamos, por consiguiente nuestro cuerpo y nuestra piel ejerce y se instaura como el primer y más natural objeto lingüístico del hombre, en primer punto bajo la individualidad y en segundo en un objeto de carácter colectivo, siendo ambas igualmente importantes.
Y en esta comunicación visual es donde el tatuaje se aloja férreamente, casi simultáneamente a como sucede en la dermis de la piel, quedando inmortal e imperecedero entre las capas de la piel.Ya que a diferencia de la vestimenta y accesorios con el que el cuerpo comunica rasgos propios de la persona (rango social, sexo, edad), el tatuaje posee una ambivalencia comunicacional de múltiples sentidos y lecturas. Siendo prueba de ello el hecho de que distintas personas se tatúen los mismos motivos, pero con distintas significancias.

No obstante al estar regido por un medio social el tatuaje también está sujeto a los cambios del mismo, por lo que en determinado momento el acto de marcarse un signo suele estar determinado por lo que el medio dicta, haciendo de este un patrón consecutivo, por lo que a menor escala el tatuaje puede parecer una decisión voluntaria y personal pero mirado desde un espectro más amplio, solo da cuenta de una decisión colectiva impuesta por los medios de comunicación (tv, revistas, internet, convenciones de tatuajes, etc) como ejemplo se demuestra que en chile se tatúen iconografías del folclor oriental, como también de la cultura polinésica. Por lo que inevitablemente se gesta la pregunta de si ¿El tatuaje actual es personal o conforma parte de una muestra colectiva?





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